
(www.saludyciencias.com.ar * Especial por N.B)
Nadie a esta altura del siglo puede arrojar la más mínima sombra de duda acerca de los beneficios que la práctica deportiva regular genera para la salud. Sin embargo, no se dice mucho acerca del estado de quienes, desde la comodidad de una silla -hamburguesa y refresco en mano- ponen sus emociones al límite alentando, pasión en estado puro, al equipo o deportista a quien admiran.
Aquí la cosa cambia, como científicamente prueba un reciente trabajo publicado en la prestigiosa revista New England Journal of Medicine , que tomó para su investigación datos recogidos durante el Mundial de Fútbol realizado en Alemania en el año 2006. Los resultados fueron contundentes: las muertes súbitas y los infartos aumentaron dos veces y media durante los partidos del equipo local, y hasta más de tres en los encuentros definitorios.
Aunque parezca algo lógico, la cuestión disparó preocupaciones en todos los niveles de las ciencias médicas y, claro está, en la comunidad cardiológica; que ve estos resultados como un fracaso en la campaña global para prevenir los problemas cardiovasculares, principales responsables de muerte natural en el mundo.
Y si las conclusiones del estudio surgieron del relevamiento de un acontecimiento deportivo mundial, con público proveniente de todos los rincones del planeta, no deja de ser un dato importante que se realizó en Alemania, país central en donde la medicina preventiva y curativa alcanzan altos estándares.
Díme cómo vives
La pregunta, entonces, surge sola: ¿qué hay que esperar en países como la Argentina, México o Brasil, por nombrar sólo algunos, en los que a esta pasión desmedida -mucho más que la parsimonia teutona- suman condiciones socioeconómicas que predisponen a la crisis, sin que haga falta una pelota que dude en entrar al arco en la final.
Y en todos los casos, cobra relevancia un concepto que se repite hasta hacerse cotidiano: el estrés. Un padecimiento que en mayor o menor medida afecta a todas las personas, y que puede ser responsable de que algo tan aparentemente inofensivo como presenciar un evento deportivo.
El Dr. Gastón Albina forma parte de staff médico del Servicio de Electrofisiología y Arritmias del Instituto Cardiovascular de Buenos Aires (ICBA), y por su profesión sabe de las peligrosas consecuencias que puede ocasionar no prestar atención a las señales de estrés. Lo define como una acción automática del organismo que permite responder de manera eficaz frente a diferentes situaciones. Para ello, el cuerpo activa una gran cantidad de recursos que suponen un fuerte desgaste. Si esta situación se vuelve prolongada, puede ser muy perjudicial para la salud. Un organismo continuamente dedicado a funcionar en estado de estrés entra en lo que los médicos conocen como estrés crónico, una condición cuyo peor enemigo es el propio paciente, quien pospone la consulta al médico ante síntomas difusos, a los que difusamente caracteriza como son nervios, y el consabido ya va a pasar.
El informe referido a las muertes ocurridas en Alemania hacen referencia a lo que se llama estrés agudo, es decir, un cuadro de tensión violenta o impactos emotivos que no pocas veces desencadenan un episodio de infarto o muerte.
Paradójicamente, aunque las pulsaciones de jugador de fútbol orillen los 150 latidos al minuto, su cuerpo funcione exclusivamente para reaccionar en fracciones de segundo y en una discusión con el referee le vaya el mundo, tal explosión de estrés hace un saludable cable a tierra, con una descarga de energía que se canaliza como actividad física, poniéndolo a salvo. Pero en nuestro caso en particular, cuando el espectador de un partido de fútbol se fanatiza, vive una cadena de sensaciones extremas: emoción, exaltación, bronca y nervios, entre muchas otras; y por lo tanto es co-participante del evento deportivo, experimentando también una situación de estrés, explica el especialista argentino.